Modernidad y transporte como atracción

La movilidad como atracción en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929

Tras muchos retrasos y dificultades, con una guerra de por medio y 14 años después de su antecesora en San Francisco, se inauguraba en mayo de 1929 la Exposición Internacional de Barcelona, dedicada a la industria, los deportes y el arte.

La idea original, presentada una década antes, había tenido como protagonista a la industria eléctrica y aunque el espectáculo de luces y la electricidad siguieron teniendo un papel fundamental, habían dejado de ser novedosos.

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The Panama-Pacific International Exposition, San Francisco 1915. A la izquierda, la Torre de las Joyas y a la derecha, la Torre Italiana. Nótense las similitudes con el recinto barcelonés.
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Iluminación nocturna creada por el llamado “Great Scintillator” de la Exposición Internacional de San Francisco, 1915

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El poder alienante y falsificador de la la luz transformaba – y sigue transformando – durante unas horas la realidad del público que visitaba los nuevos “templos” donde se encontraba. Las modernizantes exposiciones universales son un claro ejemplo del “engaño” e ilusión de la luz.

Barcelona, con unos cuantos años de diferencia, se unía por fin en 1929 a las grandes capitales  del mundo en las que la fascinación por la luz y la democratización de las nuevas formas de movilidad habían cambiado para siempre su paisaje urbano.

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La luz como reclamo. Los grandes almacenes Karstadt de Berlín, inaugurados en junio de  1929. El edificio contaba con nada menos que 24 escaleras mecánicas con capacidad para transportar 6.000 personas por hora.
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La ciudad de Barcelona bajo el poder de la energía eléctrica. Ilustración aparecida en prensa de la época.

Por otra parte, la Exposición imprimió un cierto aire monumentalista y hasta “españolista”  y “monárquico” a la ciudad y al gran desarrollo de infraestructuras que supuso. Uno de los ejemplos más claros lo tenemos en el “Poble Espanyol”, que había sido polémico ya desde antes de su inauguración.

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Fragmento de un artículo del semanario Mirador en el que personalidades diversas del mundo de la cultura catalana expresan su opinión sobre el “Poble Espanyol”. Mayo de 1929
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El Pueblo Español en construcción. Foto de Badosa, 1928.

La Exposición Internacional de 1888 había generado nuevos espacios, con el actual Parc de la Ciutadella como centro neurálgico. La de 1929 ofrecería a los barceloneses una montaña de Montjuïc nueva, moderna y repleta de nuevos equipamientos.

Montjuïc había sido escogida finalmente como escenario de un evento que había casi triplicado el área de la primera Exposición y que presentaba un nuevo reto en cuestiones de movilidad, ya que no solo había que transportar al público hasta la montaña, con un terreno muy accidentado y lleno de desniveles, sino que también era necesario facilitar la movilidad de las personas dentro de un recinto tan extenso.

En este artículo, comentaremos algunas de las interesantes soluciones adoptadas y que constituían por sí mismas una importante atracción.

El “tapis-roulant”

El “tapis-roulant, expresión que se mantiene en francés, era también conocido como”trottoir roulant” o “moving sidewalk” en inglés. Se trataba de una cinta transportadora muy parecida a las que, por ejemplo, vemos hoy en día en los aeropuertos.

El primer “tapis-roulant” fue instalado en la Exposición Internacional de Chicago de 1893. Sin embargo, el que causó verdadera sensación fue el “trottoir roulant” conocido como “la Rue de l’Avenir” en la Exposición Internacional de París de 1900 e inmortalizado cinematográficamente por Thomas Edison.

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La plataforma movible. Dibuix del natural de R. Casas.           Revista Pel i Ploma , 1900

El funicular de Montjuïc fue inaugurado el 24 de octubre de 1928 y se instaló un “tapis-roulant” en su estación inferior, en el cruce de la calle del Marqués del Duero con Conde del Asalto. Esta instalación única en Barcelona contaba con 75 metros de longitud. Construido por la empresa Otis-Pifre, era el más largo de Europa.

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Anuncio de enero de 1929 que intenta transmitir la nueva sensación de movilidad a experimentar

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Anuncio de enero de 1929 en el que se califica de atracción al “tapis-roulant”
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El “tapis-roulant” de la estación inferior del funicular de Montjuïc en una postal de época
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Anuncio de marzo de 1929 en el que se menciona la popularidad del “tapis-roulant”
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Interior de la estación del Funicular de Montjuïc poco después de su inauguración. Foto de Casas i Galobardes.
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Anuncio invitando a los barceloneses a usar el funicular y disfrutar de las vistas y de una altura “graciosa y ponderada” sobre la “Ciudad”
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Anuncio en el que se promociona la comodidad de ir al Estadi en funicular. Semanario Mirador,1929

Si el “trottoir roulant” parisino había causado varias mutilaciones en manos y pies a sus pocos acostumbrados usuarios en 1900, motivando su cierre temporal, el de Barcelona solo había provocado algunas caídas. Antes de que acabara la instalación del “tapis” barcelonés, el diario La Publicitat se preguntaba acerca de la seguridad del sistema. Una vez inaugurado, llegaron a extenderse ciertos rumores sobre su peligrosidad que tuvieron que ser desmentidos por la propia compañía del Funicular.

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Viñetas aparecidas en Virolet, Suplement Il.lustrat d’En Patufet, en las que dos niños se inspiran en el “tapis-roulant” de la Exposición para cometer nuevas travesuras. Noviembre de 1929
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Virolet, 1929

Franz Koehler, periodista alemán, visita la Exposición en 1929 y escribe un artículo para el diario Bienrichier Tagespost que La Vanguardia publica traducido en su edición del 9 de octubre.

Comenta Koehler sobre la escalier roulante: “Nosotros, los de las grandes ciudades, ya nos conocemos el truco, pero nos divierten muchísimo los ingenuos provincianos para quienes esta clase de escaleras movedizas es algo diabólico y su espanto llega al colmo al darse cuenta de que la barandilla, a la que se agarran miedosamente, también se mueve.”

Por tan solo 20 céntimos, la emoción del transporte como atracción estaba asegurada.

Escaleras mecánicas

Las escaleras Jesse Reno, instaladas en el parque de atracciones americano de Coney Island en 1896, están consideradas como las primeras del mundo. En 1900 la Exposición Universal de París contaba con cuatro escaleras mecánicas, incluyendo una Reno.

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Las “escaleras mágicas” de Reno.

Podemos imaginar pues que en 1929, este mecanismo había dejado de ser una rareza en las capitales y principales centros urbanos de países como Estados Unidos, Francia o Alemania aunque continuaban ejerciendo una gran fascinación sobre el público. Barcelona, ciudad moderna y modernizadora, se preparaba para contar con las suyas propias.

Las escaleras mecánicas, apuntaba el sociólogo alemán Sigfried Kracauer, constituían una excelente representación simbólica de la ascensión social. Así, las exposiciones universales eran el escaparate perfecto de la burguesía para promover el orden -ascendente- de la propiedad y la producción.

Parece ser que las primeras escaleras mecánicas instaladas en España  fueron las de la Exposición Regional de Valencia de 1909, aunque en realidad se trataba de un “tapis-roulant” inclinado. El uso del nuevo prodigio mecánico costaba diez céntimos, un precio  solo asequible para algunos bolsillos .

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“Tapis-roulant” inclinado en la Exposición Regional de Valencia de 1909

La Exposición Universal de Barcelona en 1929 contó con al menos dos escaleras para salvar el desnivel entre sus principales espacios. Asimismo, la estación del funicular estaba dotada de escaleras que se anunciaban como gratuitas, a diferencia de las del recinto de la exposición, que eran de pago.

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Fragmento de una noticia aparecida en diciembre de 1928
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Escaleras mecánicas del recinto de la Exposicion Internacional de Barcelona. Foto de Casas i Galobardes,1928-1929.
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Excelente panorámica de una de las escaleras mecánicas de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Foto de Cases i Galobardes

Estas escaleras, también llamadas “escaleras roulantes”, una de las cuales se encontraba junto al palacio de la Reina Victoria, salvaban un desnivel de 27 metros en tres tramos y tenían una capacidad de 8.000 personas por hora.

Aunque las tarifas para usar las escaleras de la exposición resultaban caras, existían precios especiales para soldados, obreros y niños de la cercana Escola del Bosc.

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Billete de las escaleras mecánicas de la Exposición.                                         Colección Francisco Arauz.
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Anuncio de mayo de 1929 en La Vanguardia de Barcelona con los precios de las escaleras mecánicas

En la Barcelona moderna de 1929, y aunque de forma más modesta que en otras urbes, este mecanismo de ascensión dirigía a las masas a un lugar escogido por el poder económico donde encontrar un nuevo universo industrial y cultural para consumir y con el que soñar.

La ilusión comenzaba ya en las estaciones del funicular, donde también se instalaron escaleras mecánicas. Un artículo de prensa aparecido en julio de 1929 menciona la inauguración de una escalera mecánica “toda de caoba” que salva un desnivel de 8,50 metros dando “la sensación de gran riqueza y comodidad”.

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Interior de una de las estaciones del funicular de Montjuïc en el que se han instalado unas escaleras mecánicas. Foto de Casas i Galobardes, 1929

Tras la exposición, una de las escaleras, fue colocada en la estación de Aragón del Gran Metro, actual Passeig de Gràcia en 1932. Dado el carácter indeformable de la estructura, para su instalación se tuvo que destruir la delicada armonía de la estación y la policromía de mosaico del piñón de  la bóveda del túnel del lado de la Diagonal.

(Ver Gran Metropolitano de Barcelona,estación Aragón)

Barcelona se convertía pues en la primera ciudad del Estado que contaba con unas escaleras mecánicas en una estación. Aunque Madrid había aprobado planes para instalar una en la estación de Tribunal en 1935, los madrileños habrían de esperar hasta 1961 para disponer de este mecanismo en una estación de metro.

En el ámbito privado, los Almacenes SEPU tenían escaleras mecánicas en varias ciudades ya desde su inauguración a mediados de los años 30. Las del SEPU zaragozano se encuentran en la actualidad expuestas en un patio interior.

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La escaleras mecánicas originales de los Almacenes SEPU de Zaragoza en la actualidad. Foto de Cosas de Hitano, 2010
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Una de las escaleras mecánicas de la Exposición en la estación de Aragón del Gran Metro barcelonés. Foto de Brangulí, años 30

Curiosamente, y poco después de la clausura de la Exposición, las escaleras mecánicas pasaron por los tribunales de justicia debido a una querella contra el Marqués de Foronda sobre su concesión en el evento internacional. El aviso de procesamiento fue revocado en enero de 1934.

La fascinación por el transporte inclinado ha continuado hasta nuestros días, como demuestra la gran cantidad de barceloneses que en marzo de 1992 se acercaron a Montjuïc para estrenar las escaleras mecánicas olímpicas.

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Barceloneses estrenando las escaleras mecánicas hacia la Anella Olímpica en marzo de 1992

Divididas en 20 tramos, su capacidad, según la prensa de 1992, era de 27.000 personas por hora, frente a las 8.000 de 1929.

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Samaranch, Pasqual Maragall, miembros del COI y otras autoridades probando las escaleras de acceso. La subida hasta las piscinas Picornell se realizó en once minutos, reduciéndose la bajada a ocho minutos.

62 años después de la Exposición Internacional, Montjuïc volvía a recibir la ilusión de la movilidad mecánica.

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Anuncio de Grupo Thyssen Industrie, constructor de las escaleras mecánicas de los JJ.OO. 1992

Electrocars

En abril de 1929, los manresanos se sorprendían al ver en los trenes de la línea del Norte que salían para Barcelona una serie de máquinas y coches eléctricos destinados a su Exposición.

Los “electrocars” o carretillas eléctricas, ideados por la empresa Vicente Ribas, formaban parte del transporte de recreo dentro del recinto. Contaban con  una capacidad de 9 a 12 pasajeros, funcionando con una manivela a modo de volante en su parte delantera.

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Billete para los  Electrocars de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929
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Un Electrocar,vehículo de transporte para los visitantes a la Exposición Internacional en la Avinguda Rius i Taulet. Foto de Cases i Galobardes, 1929
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Una de las carretilla eléctricas, o Electrocars, a su paso por el restaurante La Pérgola, al final de la Avenida de la Reina María Cristina, frente a la Plaza del Surtidor. En la foto se observa también el centro de control de los juegos de luz de la Gran Fuente Mágica, situado en el piso superior del restaurante.

El recorrido efectuado por los electrocars en el recinto de la exposición duraba una hora aproximadamente y el precio del billete era de 29 céntimos.

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Electrocar. Arxiu Vicente Ribas

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Ferrocarril en miniatura

Una de las principales atracciones en cualquier parque de diversiones era desde hacía décadas el tren en miniatura. En Barcelona podemos mencionar, por ejemplo, el que había en el Saturno Parc y el más panorámico – tipo Scenic Railways- del Hotel Florida en el Tibidabo.

El “placer melancólico” de ver todo aquéllo de lo que se está separado , ejemplificado por una exposición eminentemente comercial y envueltos por el  ruido del tren, era un deseo por el que se pagaba felizmente.

La Exposición Internacional de Barcelona, al igual que la Iberoamericana que se celebraba en Sevilla por las mismas fechas, contaba con un tren tipo Liliput para rutas planas. Con un recorrido de unos 2.100 metros, los tres ferrocarriles en miniatura que hacían servicio en el recinto de la Exposición estaban remolcados  por locomotoras Pacific, fabricadas por la casa alemana Krauss de Leipzig, arrastrando un total de doce vagones. Las dos primeras en llegar fueron bautizadas con los nombres de Nuria y Montserrat y la tercera, que llegó más tarde, recibió el nombre de Barcelona.

Estos trenes no eran los primeros en viajar por los terrenos de la Exposición.

Dos locomotoras, bautizadas con los nombres de Cataluña y Barcelona, se habían encargado de realizar los transportes de materiales para tan magna obra en una línea  que recorría los dificultosos terrenos de la Exposición, ayudadas por coches con tracción de sangre en ramales auxiliares.

(Ver Spanish Railway- Trenes de la Exposición de Barcelona )

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El ferrocarril eléctrico de las obras de la Exposición.

Resultaría muy interesante saber si parte de la línea de obras o su recorrido se conservó o utilizó posteriormente para el tren miniatura.

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El tren miniatura de la Exposición en una foto de Josep Puntas, 1929. AFCEC.
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Ferrocarril en miniatura de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929
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Ferrocarril en miniatura de la Exposición Internacional de Barcelona. Foto de Cases i Galobardes,1929.

En abril de 1930, Pathé Journal de París anunciaba que había empezado a impresionar en filme sonoro las cascadas y fuentes de Montjuïc además del ferrocarril en miniatura. La grabación del tren ha llegado hasta nuestros días gracias a una copia de la subsidiaria británica de la casa francesa, British Pathé.

La película intenta dar un cierto aire cómico al tren, empezando por el apodo de “Bill” que no tenía. En la filmación, observamos claramente el nombre de Montserrat en la locomotora. Asimismo, la cinta incluye en uno de los intertítulos la frase ” (Barcelona) Where the nuts come from”, dirigida evidentemente al público británico.

Desde el puerto de Barcelona se exportaban avellanas al Reino Unido, conocidas también como “Barcelona nuts” y la frase que aparece en la filmación proviene del estribillo de una canción de music hall popularizada a principios del siglo XX, “Mona from Barcelona”.

Es muy posible que “nuts” haga también referencia a otro sentido de la palabra: “loco”.

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Letra de la canción “Mona from Barcelona”, “de donde vienen todas las nueces (avellanas/personas locas)”

Una vez acabada la exposición, el ferrocarril en miniatura fue desmontado y utilizado en otras exposiciones y actos.

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El tren miniatura Nuria. Fons Cuyás

Información adicional sobre el recorrido del ferrocarril en miniatura y los vestigios que aún existen en la montaña de Montjuïc:

EL TRENET DE L’EXPOSICIÓ DE 1929. Muntanya de Montjuïc (1929-1930)

Movilidad vertical: Ascensores

Aunque los ascensores panorámicos no eran una novedad en Barcelona (el monumento a Colón, por ejemplo, ya había tenido uno hidráulico), el instalado en la Torre Asland gozó de especial popularidad.

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La Torre Asland en La Ilustración Iberoamericana, 1930.

Gracias a él, además, disponemos actualmente de excelentes fotos panorámicas en las que la Torre JORBA se alza sobre el Parque de Atracciones de la Foixarda.

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La Torre Asland, obra de Francisco Conforts, un arquitecto poco conocido, estaba hecha, según anunciaba la propia Compañía General de Asfaltos y Portland, de cemento – en realidad, hormigón armado- y cristal. Con una altura de 50 metros, permitía a sus visitantes “disfrutar de una vista panorámica incomparable” desde “uno de los puntos dominantes de la Exposición”.

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Anuncio en una publicación madrileña con el nombre del arquitecto. 1930.

Estaba coronada con un potente reflector capaz de dar vueltas a modo de faro, complementando de manera espectacular la esfera de luz en lo alto de la Torre Jorba.

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Anuncio en La Vanguardia
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La Torre Asland. Foto de Casas i Galobardes. ANC
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La Torre Asland. Foto de Casas i Galobardes. ANC
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La Torre Asland. Foto de Casas i Galobardes. ANC

Con un “ingenioso” ascensor se accedía rápidamente a una atalaya de forma triangular, observable en las fotos, que gozaba de una panorámica excepcional.

Aunque otras formas de movilidad en la exposición requerían del pago de un billete, parece ser que el ascensor Asland era gratuito.

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La parte baja de la torre contaba con dos relieves del escultor madrileño Ángel Ferrant, que con el tiempo se convertiría en uno de los escultores vanguardistas más importantes del país. Ferrant se había trasladado a Barcelona en 1920 para trabajar como profesor , desplegando en la ciudad una cierta actividad artística y presentándose a varios concursos, entre ellos uno para el grupo escultórico de la plaça de Catalunya, que fue rechazado.

Para Asland, realizó dos relieves en aluminio representando a dos trabajadores, de los que desgraciadamente solo quedan sendas fotografías en el Fondo Ángel Ferrant en Valladolid. El escultor también creó otro relieve para el pabellón de la ciudad de Barcelona y recibió un premio por su ” Objeto conmemorativo de la construcción”, de metal y hecho en colaboración con “ARTISTAS REUNIDOS DE BARCELONA”.

En la parte baja del cuerpo de la torre se observan también dos esculturas, probablemente de tema laboral, de las cuales desconocemos la autoría.

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La Torre Asland, con su aire futurista, fue merecedora de un “Gran Premio de Honor” de la exposición.

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El poder de la luz en una fotografía nocturna del Fons Cuyás con las torres Asland y Jorba iluminadas.

La movilidad vertical estaba también presente en los ascensores del Palacio Nacional , de pago y construídos por la casa Ascensores y Aplicaciones Industriales S. A.

Los encontramos además en la Casa de la Prensa, en el Estadi y en el mismo parque de atracciones.

Lejos quedaban ya los orígenes de estas cajas móviles para mercancías y géneros. Placer y tecnología se unían para dar una nueva dimensión a la diversión mecánica en el recinto de la exposición.

 

NOTA: Este artículo se encuentra todavía en proceso de elaboración.

Las niñas del fútbol

A raíz del reciente Mundial femenino de fútbol, merecería la pena volver a recordar a las pioneras de este deporte en el estado español.

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Narcís Masferrer i Sala (Madrid 1867-Barcelona 1941) director de “El Mundo Deportivo” al primer partit de fútbol femení al camp de fútbol “Español” al carrer Indústria (entre Muntaner i Casanova). Foto de Ramon Claret / Joan Bert. ANC

Fue un 9 de junio de 1914,hace ya 101 años, en el antiguo campo del Espanyol en la calle Muntaner, cuando dos equipos femeninos disputaron en Barcelona el que sería el primer encuentro oficial con mujeres al balón en Catalunya y en España. Diecinueve años separan esta efeméride de su equivalente inglesa.

En marzo de 1895 se había disputado en Londres el primer partido de fútbol femenino inglés.

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Equipo del norte de Londres en el primer partido oficial de fútbol femenino disputado en Inglaterra en 1895, con la legendaria Nettie Honeyball, que aparece segunda por la izquierda en la fila superior.

En Escocia, las mujeres al balón no constituían ninguna rareza. Ya desde el siglo XVIII, se celebraban partidos disputados por féminas en la región escocesa de las Highlands, aunque no de un carácter exclusivamente deportivo.

Era costumbre que en las fiestas locales las mujeres casadas y las solteras jugaran un partido de fútbol, ocasión que los mozos del lugar aprovechaban para elegir una posible novia.

La presencia femenina en los campos de fútbol ingleses, bastión masculino, se consideró un buen antídoto para la creciente violencia que exhibían los exarcebados hinchas y así en 1885 se empezó a permitir la entrada –gratuita- al sexo femenino.

Tan popular fue la medida que ya próximos a 1890 tuvo que ser discontinuada puesto que había demasiadas mujeres en las gradas.

A comienzos de lo que se dió en llamar “el siglo de los deportes”, el papel de la mujer era puramente decorativo. Su presencia en eventos deportivos añadía una nota de color, belleza y femineidad con sus vestidos, flores y buenos modales.

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Gent presenciant hípica a l’Hipòdrom de Barcelona. Foto de Ballell, 1910. AMB

No hace falta decir que todas estas flores deportivas pertenecían casi siempre a buenas familias. El deporte era todavía una práctica inalcanzable e imposible para la mujer trabajadora en Europa.

Así pues, y a pesar del desagrado del “establishment” del fútbol inglés y de la comunidad médica-que se esforzaba en desaconsejar el ejercicio de este deporte a las mujeres- lo cierto es que el fútbol femenino llenaba estadios y en 1921 existían unos 150 equipos en Inglaterra.

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Futbolistas inglesas en 1914.

La Primera Guerra Mundial ayudó al florecimiento de estas formaciones. Las mujeres que se vieron repentinamente trabajando en las fábricas del país jugaban a fútbol en los descansos y poco a poco este pasatiempo se transformó en pasión futbolística. Condicionado a la historia y al capricho del poder masculino, solo quedaban 17 equipos en activo después de la Segunda Guerra Mundial.

El fútbol femenino había generado mucho dinero, casi siempre para causas benéficas y no sin controversia.

La prensa catalana se hacía eco también de la creciente importancia del deporte entre las mujeres y la revista Graphic-Sport  declaraba que “la gracia y el encanto de los deportes femeninos constituyen la conquista estética de las evas modernas” .

Cuando en la primera década del siglo XX la Federación Femenina contra la Tuberculosis de Barcelona programaba actos para la recaudación de fondos destinados a su causa, no se le escapó el poder del fútbol y del deporte en general para atraer más atención y con un poco de suerte más donativos.

La Federación era muy conocida en la ciudad dado que organizaba numerosos actos benéficos.

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Festa a benefici del Patronat contra la Tuberculosi. Jurat d’honor de la festa automobilista. Foto de Ballell, 1910. AMB
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Ball a l’Hotel Colon en benefici per lluita contra la tuberculosi. Foto de Ballell, 1910. AMB

La mayoría de sus miembros pertenecían a familias “benestants” de la Ciudad Condal y la participación de jóvenes solteras en dichas ocasiones requería cierto valor.

Un aplaudido discurso de Doña Leonor Canalejas, directora de la Federación Femenina contra la Tuberculosis en 1915, enfatiza esta valentía que exhibían numerosas jóvenes de buena familia para, por ejemplo, vender flores en lugares públicos y a desconocidos, alejadas de laa lujosas fiestas y encuentros sociales  a los que tan acostumbradas estaban.

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Dones de la Federació Femenina contra la Tuberculosi al Passeig de Gràcia. Foto del Ballell, 1914.  AMB

Los movimientos higienistas y la educación fisíca a través de los deportes eran especialmente populares en Barcelona y la Federación Femenina contra la Tuberculosis se asociaba con estos movimientos modernizantes.

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Classe de gimnàstica a l’Institut de Cultura per a la Dona impartida pel professor M. Langlois du Feu. Foto de Ballell, 1912. AMB

Los cambios en el papel de la mujer pueden apreciarse también en el curioso caso del Helénico Foot-ball Club, equipo masculino de Barcelona con dos mujeres al frente como presidentas, Carmen Rodríguez y Ramona Estellé. El Helénico, relacionado con escuelas de pensamiento renovador, contaba también con un club de tenis y tenía un local propio en la céntrica calle de Consell de Cent.

El “elemento femenino”, según la prensa de la época, tenía ya una presencia notable en el deporte de la ciudad, casi siempre en forma de las “distinguidas y bellas señoritas” que presidian festivales y actos.

No es de extrañar pues que la Federación Femenina decidiera acercarse al fútbol como herramienta un tanto atrevida y novedosa para su causa, trasladando a las señoritas de las gradas al campo.

Escenarios como las calles de Barcelona o el Park Güell, donde se habían organizado fiestas para los niños pobres, fueron sustituidos por el entonces campo de fútbol del Espanyol, situado en la calle Muntaner.

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Repartició de Premis als nens pobres organitzada per la Federació Femenina contra la Tuberculosi al Park Güell. Foto de Ballell, 1911. AMB
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Fiesta de la Flor a beneficio de la Federación contra la tuberculosis. De Mundo Gráfico, mayo de 1914. El comité aparece reunido delante de la sede del Círculo Artístico, en la Casa Lleó-Morera, Passeig de Gràcia-Consell de Cent-Aragó, obra del arquitecto Lluis Domenech i Muntaner.
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Fiesta de la Flor a beneficio de la Federación contra la tuberculosis. De Mundo Gráfico, mayo de 1914.

El objetivo era organizar una serie de partidos benéficos para los cuales se disponía de unos 45 días de entrenamiento previo. Se creó para este fin el “Spanish Girl’s Club”, a cargo de Paco Brú, jugador del Barcelona y empleado también del Ayuntamiento de la ciudad, quien se encargó de organizar unas sesiones de teoría técnica y de práctica.

La iniciativa contó también con el apoyo de Narcís Masferrer, director de El Mundo Deportivo.

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Paco Brú
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Narcís Masferrer i Sala

Tras muchas visicitudes, entre las que se cuentan los problemas a la hora de elegir vestimenta y la negativa de los padres a acceder a la exigencia de Brú de que las jugadoras se ducharan tras el ejercicio físico, el primer encuentro se jugó el 9 de junio de 1914.

Los dos equipos formados fueron bautizados con los curiosos nombres de Montserrat y Giralda. La elección de un nombre como Montserrat para un primer equipo femenino de fútbol catalán parece obvia, no así el de Giralda. Tras algunas indagaciones, descubrimos que el primero fue un vapor de la armada española, mítico por burlar hasta tres veces el bloqueo yanqui a Cuba, y el segundo el yate real a vapor para uso personal de Alfonso XIII. Parece improbable que los nombres no se refirieran a estos dos barcos actualmente casi olvidados y que a principios de siglo todavía evocaban el recuerdo de una riqueza colonial que mucho había dado a la Barcelona moderna.

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El yate real Giralda
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El vapor Montserrat
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Los dos primeros equipos de fútbol femenino, Giralda y Montserrat.

El resultado de este primer partido,arbitrado por el mismo Brú, fue de 2-1 con victoria del Giralda.

Las crónicas de prensa acerca del encuentro reflejan el carácter machista y paternalista que ha acompañado al fútbol femenino hasta nuestros días. En el Heraldo de Madrid se leía que el encuentro “no ha tenido otro interés que el ver jugar a jovencitas sin picardía y sin muchos conocimientos de lo que es el foot-ball”.

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Brevísima reseña en la primera página del Heraldo de Madrid del 10 de junio de 1914.

El diario El Poble Català ofrece una crónica más positiva que incluso se hace eco de la alineaciones de ambos equipos. Menciona asimismo alguna jugada “magnífica” y “un medio campo admirable” aunque califica el partido de “bastant bonic”.

A pesar de que  El Mundo Deportivo apoya el partido y que el encargado de chutar el saque de honor es el propio Narcís Masferrer,la crónica de su diario resulta  nefasta.

Titulada “Las niñas futbolísticas”, está cargada de un machismo rancio lleno de superioridad en el que sin embargo no se olvida de mencionar a la bella hija del capitán que acudió al partido en contraste con la poca femineidad de estas evas deportivas.

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Los equipos Giralda y Montserrat en una foto de El Mundo Deportivo

Otros diarios, como El Diluvio,se fijan más en las posturas antifemeninas de las chicas, sus peinados y sus uniformes. Sobre uno de los partidos celebrados destaca el carácter “entretenido y simpático” del encuentro.

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Las “señoritas” del Giralda y del Montserrat se volvieron a enfrentar durante aquel mes de junio de 1914, pero poco después desaparece para siempre el rastro del Spanish Girl’s Club.

 

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Excepto alguna nota positiva, el primer partido de fútbol femenino celebrado en España es tratado como anecdótico y puntual. Si bien es cierto que la ocasión no era meramente deportiva y que las jugadoras no pertenecían a un club establecido ni eran deportistas, la negativa de la prensa para reconocer la importancia del evento solo se explica por la actitud anticuadamente paternalista de la sociedad catalana y española del momento, incapaz de ver a la mujer como deportista y no como decoración en el deporte.

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Primer partit de fútbol femení, jugat entre els equips Giralda i Montserrat, a benefici de la Federació Femenina contra la Tuberculosi. Camp del Español, Foto de Brangulí, 1914. ANC

La prensa deportiva siguió refiriéndose al fútbol femenino europeo de vez en cuando, aunque nunca llega a tratarlo a fondo, como demuestra esta portada del semanario FUTBOL de noviembre de 1920, que parece publicar las fotos de fútbol femenino europeo como reclamo, ya que en el interior no aparece artículo alguno sobre el mismo.

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Portada del semanario FUTBOL de noviembre de 1920. Colección propia.

En la década de los 20, el primer partido femenino de Barcelona parece ya olvidado puesto que las referencias que se hacen a esta modalidad deportiva ignoran su transcendencia y nunca la mencionan.

Así, en 1920 el Heraldo de Madrid advierte “contra el posible entuerto de que las españolas, imitando a francesas e inglesas, puedan aficionarse a la práctica del balompié” y añade que “afearse es suicidarse”.

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“Las dos bellas capitanas del match Inglaterra-Francia”. Heraldo Deportivo de Madrid, mayo de 1920.

Continúa la diatriba en defensa de que “el balompié es solo para hombres” ofreciendo estas alternativas: “¡Ay, encantadora Teótima! ¿Tú jugadora de «football? Antes quiero verte literata. Antes socióloga. ¡Antes señorita torera!” Heraldo Deportivo de Madrid,mayo de 1920.

Existen importantes menciones posteriores al fútbol femenino en Barcelona, como el partido amistoso entre Francia e Inglaterra en 1923, a beneficio de las Casas Baratas para Periodistas e indicativo de que de alguna manera esta modalidad siguió presente al menos en la prensa deportiva de la época .

El 10 de septiembre de 1923 la revista deportiva “Aire Libre” publicó un artículo de más de media página acerca de este partido amistoso,del que resalta la “nada más que regular asistencia” de público.

Partido amistoso a beneficio de la Cooperativa de Periodistas para casas baratas
Partido amistoso a beneficio de la Cooperativa de Periodistas para casas baratas. “La lucha por el balón fue viva entre inglesas y francesas”. Aire Libre, septiembre 1923.

Acaba la crónica con una sección titulada “Comentarios” donde el periodista pasa a explicar que el fútbol femenino no ha satisfecho al público y que la mujer no es “elemento apropiado para este tipo de luchas”, ya que les falta a sus jugadoras agilidad y energía y que su juego de cabeza es “completamente nulo”. Sus últimas palabras van dirigidas al elemento masculino, o sea el réferi, del que dice que “arbitró con gran indulgencia porque no se podía hacer otra cosa’.

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“Girls contra Mademoiselles”. De Stadium, 1923.

La revista Stadium comenta el partido en el mismo tono de rigor, argumentando que “para nosotros los meridionales, mucho más que para los hombres del norte, la mujer es gracia, es suavidad, es dulzura, es terneza” y aunque se autodenomina defensor de los deportes femeninos, se posiciona una vez más en contra de las mujeres en el fútbol.

El artículo, de dos páginas y bien ilustrado, está cargado del típico lenguaje que suele acompañar a este tipo de escritos.

El pie de foto de la siguiente imagen es suficientemente indicativo:

Stadium 1923
Stadium 1923

“Mientras la hermosa defensora francesa pretende detener el balón con la dulce mirada de sus grandes ojos, la girl delantera,más práctica, busca el remate a toda carrera. La desventurada porterilla francesa siente su graciosa naricilla más remangada que de ordinario por una caricia de la pelota”.

Otra muestra la tenemos en este despeje con “garbo y gracia”.

Stadium 1923
Stadium 1923

Durante la República se fomentó el deporte femenino y el fútbol llegó a aparecer destacadamente en algunas publicaciones.

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Viñeta del humorista Bellón sobre el deporte femenino. Revista Crónica 1934.
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Dos conocidas vedettes participan en un partido de fútbol femenino con equipos de sus respectivos teatros en el campo de Mestalla, en Valencia. De Crónica, 1934.

En 1931 se celebra en Barcelona un partido que Crónica califica como “el primer partido de fútbol femenino celebrado en Barcelona con jugadoras españolas” entre los equipos del España F.C. y el Valencia C.F. En otro pie de foto, se lee : “el primero de esta índole jugado en Barcelona”, confirmando el olvido al que fueron  relegadas las chicas de 1914.

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Semanario Crónica, 1931.

También otra publicación madrileña, Mundo Gráfico, en un artículo dedicado a los deportes femeninos en Barcelona, informa de este primer partido de fútbol con jugadoras españolas.

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Mundo gráfico, 1931.

Mención especial merece el caso de la deportista, periodista, escritora y poetisa Ana María Martínez Sagi, que en junio de 1934 se convirtió en la primera mujer directiva del F.C Barcelona y primera también en España, a excepción de las mencionadas en el Helénico Foot-Ball Club, del que tan poca información disponemos.

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Ana María Martínez Sagi, la primera mujer directiva del F.C Barcelona, 1934. Foto de Crónica.

Tras la guerra civil, balón y mujeres conforman un dúo anecdótico, casi siempre a servicio de actos benéficos y merecedor de la sonrisa conmiserativa del público masculino. La presencia femenina en partidos de fútbol se limita, por ejemplo, a sacar el balón o a celebrar encuentros entre folclóricas.

En los años 60 vuelven a leerse reseñas deportivas, a menudo muy puntuales y minoritarias.

El Barça femenino no disputó su primer partido oficial hasta el 25 de diciembre de 1970 contra la UE Centelles, entrenadas por el mítico Antoni Ramallets. En aquella ocasión, sin embargo, no pudieron lucir los colores azulgrana por no estar reconocidas oficialmente, vistiendo camiseta blanca, pantalón azul y medias azulgranas bajo el nombre de Selección Ciudad de Barcelona.

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El primer partido del Barça femenino, llamado entonces Selección Ciudad de Barcelona, en diciembre de 1970. De la web del F.C Barcelona.

En 1971 una portada de la revista Blanco Y Negro reza “El fútbol femenino llega a España”. Es una de las primeras indicaciones del cambio que se avecinaba.

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Tan solo un mes después de la aparición de esta publicación, el F.C. Barcelona decide prestar apoyo económico y material a la Selección Ciudad de Barcelona que pasa a llamarse Peña Femenina Barcelonista, bajo la presidencia de María Dinarés, viuda de otro jugador histórico del Barça de los años 20, Vicente Piera.

Cuando en 1980 la RFEF acepta finalmente el fútbol femenino en su seno,l a aventura de “las niñas futbolísticas”, aquellas señoritas de la Federación Femenina contra la Tuberculosis de Barcelona, no es más que un episodio lejano que afortunadamente hemos podido recuperar.

Fuentes consultadas:

http://www.cihefe.es/el-helenico-fc-de-barcelona-un-equipo-dirigido-por-mujeres-en-1913/

http://www.cihefe.es/cuadernosdefutbol/2015/06/el-spanish-girls-club-de-barcelona-las-pioneras-del-futbol-femenino-espanol/

http://www.euskonews.com/0283zbk/gaia28302es.html

Hemeroteca Digital  de la Biblioteca Nacional de España

Arxiu de la Memòria Digital de Catalunya

Hemeroteca de La Vanguardia

http://vidamaritima.com

Prensa histórica inglesa.